domingo, 16 de junio de 2013

El sueño del viajero

Desde que lo vi, hace unos ¿quince años?, siempre he pensado en lo que haría, si de forma inesperada, ganase dos millones de Euros (en aquel entonces, y como decían en el anuncio, eran 200 millones de las antiguas pesetas)


Pues lo que es yo, desde luego, y durante una buena temporada ... ¡desaparecer! (y es que hay muchos países en el mundo, que aún no conozco, y viajar sin prisa, es uno de los ideales del viajero)

¡Quien sabe! ¡Quizás en el próximo cuponazo!

;-)

domingo, 20 de enero de 2013

Senegal: pueblos y aldeas junto al río

Ahora que llegan inquietantes noticias acerca de un país (Mali), próximo a la zona en la que estuve en 2011, y en la que, hace siglos, florecieron, para luego desaparecer, los que ahora podríamos llamar, Los reinos perdidos del río Senegal, quiero recordar un par de lugares de Senegal (y de días vividos en aquel país), que incorporo a mi selecto club de "Aquellos en que mejores momentos he pasado", y que bien valieron el viaje a Senegal.
  • El primero de esos lugares, fue Podor, la tarde del 29 de septiembre del 2011.
Allí, a la sombra de un enorme árbol, junto al embarcadero en el que habíamos atracado la barca en que navegábamos por el río Senegal, disfruté de la tranquilidad de aquella calurosa y somnolienta ciudad, tomando una cerveza Gazelle, y (tal y como hace casi 40 años, cantaban  Loggins & Messina )... mirando el río correr.

Gracias al pequeño GPS que llevaba para documentar el diario de viaje, pude marcar la posición exacta de aquel punto de tan agradable recuerdo.

Tras la escala en Podor, embarcamos de nuevo, y continuamos navegando por el río Senegal, en dirección hacia su desembocadura, hasta llegar a la pequeña aldea (mi GPS marcaba la posición: 16 39 22.16N, 14 59 44.52W), en cuyos alrededores  acampamos, antes de que oscureciese.
Y así comenzó aquella ajetreada noche.
La Tormenta (lo pongo en negrita y con mayúscula, pues fue la madre de todas las que he visto y padecido).
En la oscuridad de la noche y junto a nuestras tiendas de campaña, los rebaños de vacas mugían sin parar, anunciando algo que, en esos momentos,  no supimos interpretar.
Y comenzó como una lejana tormenta seca, con impresionantes relámpagos, que iluminaban el horizonte Mauritano, al otro lado del río (el río Senegal sirve de frontera entre ambos países).
Eran (lo supe tras despertarme) alrededor de las 2 de la madrugada del 30 de septiembre, cuando La Tormenta nos alcanzó de pleno, inicialmente con un fortísimo vendaval que tiró abajo nuestras tiendas de campaña, y que venía acompañado de unos espectaculares relámpagos, tras lo cual, comenzó un pequeño diluvio, por llamarlo de alguna manera, que hizo que, estando acampados en una zona arcillosa, tuviésemos que levantar a toda prisa nuestro ya muy maltrecho campamento, pues era indispensable salir de allí, antes de que el barrizal, que comenzaba a formarse, atrapase a la vieja camioneta (que ni era, ni nunca había sido, una 4x4) en la que tendríamos que cruzar aquella llanura, para volver a la población de Podor, y alcanzar así la carretera que nos permitiese retornar a la ciudad de Saint Louis.

El largo retorno hacia Saint Louis (unos 220 Km, que detallo en ese link, y en la imagen adjunta de Google Maps).
Aunque "Google Maps - Cómo llegar" diga que en hacer ese recorrido de Podor a Saint Louis se tardan unas 2 horas y 40 minutos, en la práctica, al ser de noche, y estar la carretera en malas condiciones, empeoradas por las obras, y la fuerte lluvia, tardamos casi el doble (unas cinco horas).
Pero aquella noche-madrugada, en la oscuridad de la cabina de una vieja camioneta (oscuridad rota a menudo por el resplandor de los relámpagos), viendo al otro lado de los cristales, iluminada por los faros, la cortina de agua que nos cubría, pensando silenciosamente, mientras escuchaba con los auriculares del MP3 a Paul Desmond interpretar A taste of honey,  y a Norman Brown interpretar Better days ahead, dando, como el resto de viajeros, somnolientas cabezadas, de las que nos despertaban los botes que dábamos en los baches, alguno de los cuales, al estar llenos de agua, y con la muy escasa iluminación de los faros, el conductor no los veía a tiempo para evitarlos, nunca podré olvidarla.

  • Y es la hermosa ciudad de Saint Louis, a la que llegamos alrededor de las 8 de la mañana del 30 de septiembre, el segundo lugar incorporado a mi club, "Aquellos lugares en los que mejores momentos he pasado".
Una buena ducha, y un excelente desayuno al estilo francés, en el restaurante del hotel La Résidence, fueron las guindas de aquel delicioso pastel.

Curiosidades que ocurren en la vida: a esa ciudad -Saint Louis-, es a la que, tras aterrizar junto a las cataratas Gouina -del río Senegal-, finalmente llegan los protagonistas de la novela Cinco semanas en globo, novela que ya he citado, en algún que otro post anterior.
¡Quien me iba a decir, aquella tarde en la que, para hacer tiempo, entré por primera vez en el Bar Sovia, y descubrí que tenían unas estanterías con libros a disposición de los clientes, entre los que estaba esa obra de Julio Verne, que terminaría viajando a los lugares y países, en los que comienza (la isla de Zanzibar - Tanzania) y finaliza (ciudad de Saint Louis - Senegal) esa emocionante novela!

sábado, 9 de junio de 2012

Zanzibar no puede esperar. Los días en Stone Town

Recientemente, y tal y como dicen los políticos, supe por la prensa que Xavier Moret había publicado Tramuntana, la 4ª novela protagonizada por Max Riera, detective alternativo y dibujante de comics, y eso me hizo recordar una novela anterior, del mismo protagonista: Zanzibar puede esperar.

Es curioso cómo los libros pueden modificar las intenciones de un viajero, a base de inspirarle nuevos destinos. En mi caso fue en la pequeña biblioteca del legendario, para mí,  Bar Sovia, donde en la primavera del año 2007 leí, entre otros, fragmentos de las novelas, Zanzibar puede esperar (Xavier Moret) y Cinco semanas en globo (Julio Verne), y fueron esas lecturas las que me inspiraron viajar hasta allí.

Y así, en septiembre del año 2007 viajé por primera vez a Tanzania continental y Zanzibar, y volví de nuevo a Zanzibar en septiembre del 2010.

Después de haber estado en esa isla en 2007 y 2010, y habiendo comparado la cantidad de gente que uno y otro año estábamos allí de vacaciones, estoy convencido de que el título de la novela está equivocado. El turismo masivo, poco a poco, va llegando a esa isla del océano Índico, y por ello creo que Zanzibar NO puede esperar.
El viajero que no soporta las aglomeraciones, debería viajar allí cuanto antes, y conocer esa maravillosa isla antes de que se convierta en destino para el turismo de masas.
Y si hay algún lugar de Zanzibar que me fascinó especialmente, ese fue la ciudad de Stone Town, "la ciudad de piedra" (siglos atrás, los indígenas de esa parte del continente africano, construían sus casas con adobe y hojas de palmera, razón por la cual les llamaba la atención esa ciudad, con casas construidas por los árabes e indúes, con piedras, rocas de coral y ladrillos).

En esa fascinante ciudad, recuerdo y recomiendo especialmente los paseos por las calles de los alrededores del puerto de pescadores, que casi no han cambiado del aspecto que tenían a comienzos del siglo XX.
Un paseo que puede hacerse en una mañana, consistiría en ir desde las oficinas de Correos (en c/ Kenyatta Road), las cuales casi no han cambiado desde que hicieron esta fotografía, a comienzos del siglo XX, hasta el mercado central de abastos Darajani Market (junto a Benjamin Mkapa Road), para terminar volviendo hacia la Casa de las Maravillas (House of Wonders) frente a los jardines Forodhani.


El fichero GPX de dicho recorrido, y que se detalla en el mapa adjunto, lo podéis descargar aquí, para importarlo luego en el navegador GPS de vuestro Smartphone.

En todas esas callejuelas, el tiempo parece haberse congelado  (y es que, también en África, y en aquel calor , hay algo, aunque sea el tiempo, que puede congelarse)

En el año 2007, tras realizar ese recorrido, fui a comer al restaurante Sea View,  ubicado, tal y como su nombre indica, frente al mar, en el puerto de pescadores.
Desgraciadamente en el año 2010 ya no existía, pues estaban reconstruyendo completamente la casa en que estaba ubicado, así que en esa ocasión, comí en el tranquilo y excelente Le Spices Randez-Vous.
Y tras la comida, y mientras el sol más apretaba, recuerdo haber visitado la Casa de las Maravillas, junto a los jardines de Forodhani.
Finalmente, al atardecer, nuevamente en la zona del puerto de pescadores, recuerdo el placer de tomar una copa, frente al mar, en la animada terraza del Living Stone Bar.
Como dije anteriormente, estoy convencido de que Zanzibar NO puede esperar.

martes, 1 de mayo de 2012

Es lo que tiene viajar, que conoces gente

Aprovechando el día festivo, he estado ordenando fotografías de viajes, y entre las fotos, he encontrado unas que hice hace unos 5 años, en un país africano, del que no diré el nombre, para evitar dar pistas, acerca de las protagonistas de la historia.
Y es que, durante unos días de aquel viaje, compartí Land Rover, con una pareja de señoras latinoamericanas, y que habían venido de vacaciones a Europa (y África), una de las cuales, estaba obsesionada con hacerse fotografías saltando, para que luego, al verlas, pareciese que volaba.
Al observar ahora aquellas fotos, he visto, que ni de broma dan la sensación de estar volando, y creo que sé dónde estaba el fallo: ¡¡En la ropa que llevaba puesta!!
Por si aún sigue "saltando por el mundo",  le sugiero que sus próximas fotografías, sean de este estilo.

Como puede apreciarse, ¡esto sí que da sensación de estar volando! Y es que, como decía antes, era la ropa, lo que estropeaba el "efecto especial".
Además, también estoy seguro, de que si quiere hacerse fotografías, tal y como sugiero, le sobrarán voluntarios (y voluntarias) para hacerle las fotografías.
Y es que, tal y como digo en el título de este post: ¡Es lo que tiene viajar, que conoces gente!
:)

domingo, 11 de septiembre de 2011

Los túneles de Guanajuato - México

Fue en septiembre del 2001, cuando estuve en México, y entre las ciudades que visité en aquel viaje, Guanajuato es una de las que recuerdo especialmente.


Y eso se debe a dos cosas:
  • A la hermosura de aquella ciudad, y por la que me encantó pasear por sus túneles.
  • Al atentado del 11 de septiembre, en el que dos aviones se estrellaron contra las torres gemelas del World Trade Center (atentado que tuve la suerte-desgracia de ver en directo, mientras desayunaba en el hotel en que me alojaba en aquella ciudad). Lo que meses después ocurrió, ya es historia, y podemos resumirlo diciendo que el Presidente Bush (hijo), en parte acertó, y en parte se equivocó.

Ahora que hacen 10 años de todo aquello, creo que está bien publicar este post, pero fundamentalmente, para recordar la estancia en Guanajuato, donde me encantaba pasear por aquellos túneles, originalmente construidos en el siglo XIX, para ser usados como canales subterráneos, que encauzasen el agua procedente de las montañas, en época de lluvia, y evitar inundaciones en la ciudad, y que actualmente son utilizados como rondas para los coches, descongestionando así, el tráfico en la superficie, y permitiendo a los viajeros que visitan la ciudad, aflorar en barrios desconocidos, donde, al menos yo, de cara a reorientarme, lo primero que hacía, era entrar en un bar, pedir una “Negra Modelo”, la cual, indefectiblemente, venía acompañada de una deliciosa y abundante "tapa" (con dos y dos cervezas Modelo, ya habías comido), y aprovechar para preguntar al amable cantinero, que se deshacía en explicaciones, acerca de mi ubicación en la ciudad, y por donde debía ir, para llegar hasta el lugar requerido.

¡ Preciosa ciudad Guanajuato !

Y, bueno, a lo largo de este decenio que comenzó en el 2001, también me ocurrieron más cosas, que también son historia, pero otro tipo de historia. Mi historia. Y no sé porqué, me viene a la cabeza, aquella frase que para terminar una conversación, el gran escritor Eduardo Mendoza, pone en boca del protagonista de la novela El laberinto de las aceitunas: "la vida se encargó de separarnos".


sábado, 28 de mayo de 2011

Birmania: On the road to Mandalay

Hace semanas, y parcialmente tapada por las noticias del terrible terremoto y maremoto que arrasó poblaciones enteras de Japón, la prensa recogió también, la noticia de otro terremoto que se había producido en el norte de Birmania, en la zona fronteriza con Tailandia, y en el que habían fallecido más de cien personas.
La gravedad del de Japón hizo que éste quedase en segundo plano informativo, pero en cualquier caso, y como en septiembre del 2005 estuve de vacaciones en Birmania, la noticia me hizo volver a recordar aquel viaje que hice al sudeste asiático.

Y es que Birmania es uno de los lugares más exóticos que he visitado y, además, el que hice a aquel país fue uno de los viajes de septiembre que más me han gustado, y en el que la suerte, la meteorología, y todo en general fue favorable de principio a fin.
La cosa comenzó con que, en teoría, el grupo de viajeros deberíamos haberlo formado cuatro personas, pero una que tendría que haber venido, anuló su reserva, razón por la cual éramos unicamente tres viajeros. Pues bien, la suerte apareció por primera vez en aquel viaje en forma de agencia de viajes que aceptó que siendo únicamente tres personas, alcanzábamos el grupo mínimo exigido para que nuestro viaje saliese (y es que en sus normas indicaban que el número mínimo era de cuatro viajeros).
Vía Estambul y Bangkok llegamos a Rangoon, capital de Myanmar (antes y durante siglos conocida como Birmania)
Tras una breve estancia (un par de días) en la capital marchamos hacia Mandalay en el tren nocturno (que a media tarde salía de Rangoon).
¡Una delicia ir viendo atardecer desde el vagón del tren!
A la hora de dormir, los tres viajeros y la guía nativa que nos acompañó durante todo el viaje, acondicionamos como pudimos las viejas literas de nuestro compartimento (para 4 personas), y la noche fue pasando poco a poco y de aquella manera, pues era difícil conciliar el sueño y dormir en aquel caluroso compartimento de un tren que parecía desvencijarse en cada tramo de vía que cruzaba.
En cualquier caso, y habiendo dormido poco, al amanecer estábamos en Mandalay
Tras dejar las cosas en el hotel, la primera visita que hicimos fue a la estupa de Mingun, en una población próxima a Mandalay, hasta la que fuimos navegado por el río Irawadi en un pequeño barco (viaje que todos aprovechamos para dar una cabezada, y recuperarnos de la noche en blanco que el tren nocturno nos había dado).
Después de tres días en Mandalay y alrededores (visitando entre otras cosas y además de la ya indicada estupa de Mingun, el puente U Bein en Amarapura el cual es el puente de madera de teca más largo del mundo), nuestra siguiente escala en ese viaje fue la población de Bagan, hasta la que nos desplazamos nuevamente por el río Irrawaddy, pero en esa ocasión a bordo de un Ferry que lo recorre.

¡Un consejo respecto de ese viaje en el Ferry! Llevad un buen libro para leer y/o un reproductor de MP3’s con vuestra música favorita, pues el viaje por el río es largo (varias horas), y termina por resultar aburrido.
Una de las canciones que sonaba en mí reproductor de MP3's me ha servido para dar título a este post: "On the road to Mandalay" interpretada por Frank Sinatra

Respecto de la zona de Bagan, con sus cientos de estupas y pagodas, patrimonio de la humanidad de la UNESCO, diré que es visita obligada para todo viajero que se precie de serlo.
En nuestro caso dedicamos tres días a visitar, acompañados por la guía, las pagodas más importantes (hay decenas de ellas), tras los cuales dedicamos un día adicional (el cual recuerdo con especial cariño), y tras alquilar bicicletas, a recorrer tranquilamente y a nuestro aire los alredores de la población, visitando las pequeñas, pero muy interesantes, construcciones religiosas.

Y después de esos días en Bagan, nuevo desplazamiento (en furgoneta), esta vez hasta la zona de Pindaya para hacer un trek de un par de días hasta el monasterio de Yatzakyi.
Durante el trek hasta el monasterio (se emplea casi un día para llegar, y tras hacer noche en él, casi medio día para volver -el camino de vuelta es cuesta abajo-) nuevamente la suerte estuvo de nuestro lado, esta vez en forma de meteorología favorable, pues en caso de habernos llovido tal y como les ocurrió a una pareja de turistas españoles con los que, la noche antes de comenzar nuestro trek, coincidimos en el hotel, esa caminata cuesta arriba hasta el monasterio y por caminos de tierra –es decir, por barrizales- hubiese sido un pequeño drama, tal y como les ocurrió a ellos dos.

En cualquier caso, como de nuevo la suerte acompañó, aquel trek resultó ser una delicia, y el monasterio en el que pernoctamos, me recordó al mítico Shangri-La (de la novela y película Horizontes Perdidos).


















Tras volver del monasterio a Pindaya, visita a las cuevas de Pindaya repletas de imágenes de Buda, tras lo cual, nuevo desplazamiento en furgoneta, en esa ocasión hasta el lago Inle.
Debido al mal estado de las carreteras birmanas, dicho traslado requiere medio día, pero, curiosidades de la vida, lo que pensé que sería un desplazamiento aburrido, resultó ser, al menos para mí, muy agradable, y mientras que el resto del pequeño grupo dormitaba en los asientos de la furgoneta, yo disfrutaba contemplando el paisaje y haciendo, desde la ventanilla de la furgoneta, “lomografías” digitales, sobre la marcha.


















Ya en el lago Inle, me pareció muy curioso su sistema de cultivar verduras en unas “islas-huerto” artificiales, las cuales construyen utilizando algas y plantas acuáticas para hacer de “flotador” de la isla-huerto, y sobre el que ponen capas de tierra, en la que, propiamente dicho, plantan las hortalizas.
Y por último, en avión, nos desplazamos hasta la zona de Kyaing Tong, próxima a la frontera con Tailandia, y donde visitamos los poblados de las minorías étnicas Lahu y Naun Seng.
Nuevamente la suerte (en forma de meteorología) nos acompañó, salvo el último día, en que llovió sin parar, cosa que hizo que el trek por aquellos caminos de montaña, se convirtiese en una pesada caminata por el barro, pero puesto que era el último día de trek, hasta resulto entretenido un fin de fiesta pasado por agua y barro, para poder contar lo que eso supone.

La vuelta del final de viaje la hicimos, tras despedirnos de la guía que nos había acompañado desde nuestra llegada a Rangoon, cruzando en la población Mae Sai la frontera de Birmania con Tailandia.

Desde allí, continuamos en furgoneta, y por unas fantásticas carreteras, que ya nada tienen que ver con las Birmanas, hasta la bonita ciudad de Chiang Mai, donde llegamos a primera hora de la tarde.
Allí nos alojamos en un hotel de gran lujo (Pornping Tower Hotel)
¡Realmente, la expresión “lujo asiático” viene de cosas como esa!
Tras dejar las cosas en el hotel, dedicamos el resto de la tarde y algo de la noche a visitar uno de sus famosos mercados (Chiang Mai Night Bazaar) y a cenar deliciosa comida Thailandesa. 
Al día siguiente, dedicamos toda la mañana a visitar el centro histórico de la ciudad, donde aún había algunas zonas parcialmente inundadas por la crecida del rio Ping.
Finalmente, a media tarde partimos en el vuelo hacia Bangkok, para enlazar directamente con el vuelo nocturno de vuelta hacia España, haciendo de nuevo escala en Estambul.

Como decía al comienzo de este post, el de Birmania es uno de los mejores viajes que he hecho, y por eso lo recomiendo a todos aquellos viajeros interesados en la cultura oriental, y que quieran visitar un país aún no excesivamente masificado por el turismo occidental.

domingo, 1 de mayo de 2011

Viajes de Salón: El Camino de vuelta a casa (en motocicleta)

Bien podría haberme vuelto, por donde había venido, como han hecho otros, pero ya que se dice, que hay tantos caminos como peregrinos, decidí que, para mi vuelta a casa, comenzaría alejandome un poco más de ella, y así tomar impulso para el regreso.
Por ello, tras salir de Santiago de Compostela, en primer lugar, me dirigiría hacia el oeste, y siguiendo la senda que marcan las estrellas de la Vía Láctea, llegar hasta el que, durante siglos y siglos, fue el final del mundo conocido:  Finisterre.

Y una vez completados los ritos de renacer frente al final de la tierra, comenzaría, ahora sí, el retorno a casa, retorno que haría, en parte, a través de El Camino de la Costa (también conocido como el camino del norte), y, en parte también, siguiendo el valle del río Ebro, desde el nacimiento del mismo.

Pues bien,el Camino exacto que tengo previsto para la vuelta a casa es éste
(adjunto el mapa de la vuelta, para que, aproximadamente, se vea por dónde pasa) 

Las normas generales para el viaje de regreso, seguirían siendo las mismas que en el viaje de ida, es decir:

1) La vuelta a casa, obviamente, también a lomos de mi motocicleta (una motocicleta "clásica", y sin carenado, cuya velocidad máxima no supera los 80 Km/h), seguiría siendo un viaje tranquilo, en el que disfrutar del placer del equilibrio dinámicodel paisaje (y del paisanaje), de los pueblos, de la gastronomía, etc, así que en los desplazamientos habría que seguir evitando las vías rápidas (autopistas, autovías, principales carreteras nacionales), y optar por carreteras secundarias.

2) No haría más de tres o cuatro horas diarias de moto (es decir, no más de unos 180 ó 200 Km), pues mis normas en este viaje de vuelta a casa, seguirían siendo: "de madrugar... nada", "donde hay un bonito paisaje, hay una bonita fotografía", "no hay pueblo sin bar/restaurante, y nuestra gastronomía es de las mejores del mundo", "El Camino es cultura, y asimilarla requiere su tiempo".

3) Si en el viaje de ida, descansaría un par de días en las ciudades de Burgos y León, en el viaje de vuelta, también haría dos pausas en El Camino, durante un par de días:
Y de Logroño... a casita (en una población de la ribera del Ebro, que no es Alagón, pero permitidme que no especifique exactamente, dónde reside este Viajero de Septiembre, y que por ello, elija esa ciudad, para, como se dice en el teatro, hacer mutis por el foro.


¡Quien sabe! ... ¡Igual este próximo més de septiembre!




PD1: (13/Noviembre/2013). Han pasado dos años y medio desde que publiqué este segundo post, acerca de mis planes para hacer El Camino (de ida y vuelta) en mi motocicleta "clásica", y hoy, en la prensa, he leído esta noticia, que me ha hecho reflexionar, acerca de lo que dice Aleix Espargaró.
Personalmente creo que Aleix tiene razón, y que hay que tener un punto de locura para subirse a una moto (aunque, claro está, hay puntos y puntos), pero en cualquier caso, estoy convencido de que, si aún viviese,  Don Quijote, cabalgaría a lomos de una motocicleta.

;-)



PD2: (2/Enero/2014). Navegando en Internet estas pasadas Navidades, he localizado, en la WEB La Maneta, el post en el que Ricardo Fité nos cuenta cómo fue su viaje a Mongolia en el verano del 2011, en una Yamaha SR250, del cual en Youtube hay un video-reportaje de 36 minutos, realizado por él mismo, y en el que nos muestra lo que fue aquella aventura. 
¡¡Qué grande!!